La psicología navideña de la comunidad más famosa de España: Magazine El Mundo (Navidades 2003)

Publicado Originalmente con el Magazine de ‘El Mundo’ el Domingo, 14 de Diciembre del Año 2003 (Día de Emisión del Episodio 1×15 de ANHQV).

Una pareja inestable de gays, dos solteronas, un presidente incompetente influenciado por su cizañera mujer, un cuarentón divorciado que vive con su repelente hija de siete años, un portero vago y sin aspiraciones, el dueño de un videoclub que quiere ser director de cine… La serie que bate récords de audiencia podría representar a cualquiera de las 362.000 comunidades de vecinos de nuestro país, la suya, por ejemplo. En sólo 12 semanas, “Aquí no hay quien viva” ha conseguido alcanzar el 40% de la cuota de pantalla, y un récord de 8.970.000 espectadores. El ventrílocuo José Luis Moreno, su productor, dice que su éxito es un misterio, una lotería. Sus creadores, dos jóvenes treintañeros, explican la fórmula: “Tiene elementos de otras series como ‘Los Roper’, ‘Matrimonio con hijos’, ‘Las chicas de oro’, ‘Frasier’…”. El guión, cuyo valor hoy es incalculable, estuvo cinco años olvidado en despachos de diferentes cadenas, hasta que Antena 3 apostó por él… En fin de año algunos de sus protagonistas darán las campanadas desde la Puerta del Sol de Madrid.


Tercero A: Pareja de hecho. Roberto y Lucía. Él, un inmaduro dibujante de cómics. Ella, la chica “bien” profundamente enamorada.

Tercero B: Amigas dispares. Alicia y Belén. La guapa que quisiera ser presentadora y la trabajadora de “burguer” sin éxito con los hombres.

Segundo A: Familia consumista. De izquierda a derecha, Natalia, Paloma, José Miguel y Juan. Siempre en apuros: gastan más de lo que ganan.

Segundo B: Separado con madre e hija. Concha es la madre posesiva. Armando es su hijo, separado y ligón. Con ellos vive la hija de éste, Rebeca, de siete años.

Primero A: Hermanas solas. A la izquierda, Vicenta, la dueña del piso, soltera, positiva y optimista. A su lado, Marisa, la mayor de las dos, abandonada por su marido y de vuelta de todo.

Primero B: Pareja homosexual. Fernando, a la izquierda, es un abogado al que le cuesta salir del armario. A su derecha está Mauri, periodista y, él sí, gay convencido.

Portería: Portero por casualidad Se llama Emilio y no tiene precisamente madera de gran trabajador. Mantiene una relación con Belén, la vecina “fea” del 3ºB.

Local Bajo: El chico del videoclub. En su local se producen muchos encuentros entre vecinos. Vende de todo y sí, también alquila vídeos.

REPORTAJE DE JUAN CARLOS RODRÍGUEZ. FOTOGRAFÍAS DE ROSA MUÑOZ.

Interior. Salón. 3ºA. Noche.
Lucía: ¿Qué te pasa?
Roberto (dubitativo): Pues que… Natalia… eh… ha tenido un problema con sus padres y se fue de casa, y no sé cómo, pero acabó en…
Lucía: Roberto, me estás preocupando…
Roberto: No, no, yo dormí en el sofá, pero…
Lucía: ¿Te has acostado con ella?
Roberto: No, no, qué va, no pasó nada.
Lucía (extrañada): ¿Entonces?
Roberto (cabreado): No pasó nada, pero estuvo a punto de pasar. Vamos, que me apeteció un montón…

El extracto de este guión le resultará familiar si es usted uno de los 8.970.000 espectadores que el pasado 23 de noviembre, hacia las 22:46 de la noche, estaba viendo Aquí no hay quien viva, la serie de Antena 3 ambientada en una comunidad de vecinos de una gran ciudad que, domingo tras domingo, arrasa en los índices de audiencia. En ese minuto de oro, la pareja de novios del 3ºA discutía por culpa de Natalia, la hija de los Cuesta, quien aprovechó un viaje de Lucía para dormir en su piso. Con una audiencia media de 7.308.000 de individuos, el capítulo Érase un sustituto fue el más visto de 2003 en el ranking de la ficción española, superando a Tocando fondo, el más visto de la veterana Cuéntame cómo pasó. O dicho de otro modo: la familia Cuesta –en la que el padre ostenta la presidencia de la comunidad– ya trata de tú a tú a la familia Alcántara.

Guiones con gancho. Humor inteligente. Ritmo trepidante. Situaciones verosímiles. Personajes variopintos y cercanos interpretados por actores en estado de gracia. Con una puesta en escena que recuerda a 13, Rue del Percebe (la tira cómica de Ibáñez) y con ingredientes de La Comunidad (la película de Álex de la Iglesia), la comedida producida por José Luis Moreno Aquí no hay quien viva se está convirtiendo en un auténtico fenómeno televisivo. Desde su estreno, el pasado 7 de septiembre, su progresión ha sido imparable: de un 21.6% a un 40.1% de share (cuota de pantalla) en 12 semanas. “El perfil medio es muy femenino y juvenil”, comenta Susana Ortega, responsable de audiencias de Geca. Antena 3 no conocía un pelotazo semejante desde Farmacia de guardia. Más de una década después, el escenario es radicalmente distinto: si en la de Mercero las tramas hablaban de achaques, frenadoles o recetas, en la de Moreno abordan averías del ascensor, protestas por ruidos o juntas de propietarios.

En España hay 361.385 comunidades (unas 31.850 en la capital), según el Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid. Los vecinos de Aquí no hay quien viva podrían ser los suyos. Veamos. En el 1ºA de este inmueble de tres plantas viven dos hermanas mayores: una inocente soltera de toda la vida (Marisa) y otra recién separada y sin don de gentes (Vicenta) que vive a su costa. En el 1ºB, una pareja de gays treintañeros formada por un periodista hipocondríaco (Mauri) y un abogado reacio a salir del armario, Fernando. En el 2ºA, la anodina familia Cuesta: Juan (el presidente de la comunidad), su esposa Paloma (una maruja y cizañera obsesionada con el status), y sus dos hijos adolescentes, Natalia y José Miguel. Puerta con puerta, los vecinos del 2ºB: Armando, un cuarentón divorciado e inmaduro que no sabe cómo educar a su niña, y Concha, su posesiva y paranoica madre, que se ha trasladado a vivir con su hijo tras alquilar el 3ºB, piso que comparten una actriz de futuro incierto (Alicia) y una chica en paro y desdichada en amores, Belén. Al lado, la parejita del 3ºA, Lucía y Roberto, una hija de papá y un dibujante de cómics, quizá los más racionales de todo el edificio. Y al cuidado del bloque, Emilio el portero, vago, sin aspiraciones y al corriente de las neurosis de esta peculiar familia de escalera. A falta del típico bar de teleserie, suelen reunirse en la tienda-videoclub de al lado.

“Los personajes son imperfectos, tienen sus mierdas, pero también su punto humano. La gente se identifica con ellos y les ha cogido cariño. Todos los actores han mejorado el casting y cada cual tiene su protagonismo, su momento para lucirse. Desde el principio tuvimos claro que sería una comedia coral con mucha sal y pimienta”, Explica Alberto Caballero, de 30 años, director de la serie junto a su hermana Laura (sobrinos de José Luis Moreno) y coordinador de un joven equipo de guionistas que trabaja a destajo.

A la vista del éxito, Antena 3 decidió alargar la temporada con cuatro capítulos más de los acordados, hasta un total de 17, incluidos dos extraordinarios de ambientación navideña. “El primero, que se emitirá el domingo 21, incidirá en cómo afronta cada personaje la Navidad; el portero, por ejemplo, se sentirá solo y deprimido. Una semana después, el especial de Nochevieja se centrará en los preparativos de la cena en cada piso, y al final todos lo celebrarán en la Puerta del Sol, explica Caballero. Aprovechando el tirón de popularidad, tanto el portero (Fernando Tejero) como el matrimonio Cuesta (Interpretado por Loles León y José Luis Gil) serán los encargados de retransmitir en directo las 12 campanadas.

Cinco años en el limbo. Hoy, cualquier directivo de televisión firmaría un cheque en blanco por hacerse con la serie. Pero ésta pasó cinco años en el limbo, aparcada en los despachos de varias cadenas. “Hasta que un buen día la leyó José Ángel Rodero, un ex director de contenidos de Antena 3. Me llamó desde Buenos Aires para decirme que la había leído en el avión y que se había partido de risa”, recuerda José Luis Moreno, que vive en una mansión de 5.000 metros cuadrados a las afueras de Madrid y controla un holding de empresas con 417 empleados. Su productora, Miramón Mendi, fabrica tanto Aquí no hay quien viva como Noche de fiesta (con un 23% de share). “Para unos era una garantía que yo estuviera detrás del proyecto, aunque reconozco que otros desconfiaban por ello. Y lo entiendo: las cadenas se juegan mucho”. Pero Moreno conoce el terreno que pisa: “En mis 35 años como productor –soy el más antiguo junto a Chicho Ibáñez Serrador- he participado en una veintena de series con éxito en toda Europa”.

Curiosamente, los guionistas de Aquí no hay quien viva son también los autores de las escenas de matrimonios de Noche de fiesta; esqueches humorísticos de pijama y camisón que muchos críticos califican de casposos.

“Al principio había la convicción de que nos íbamos a dar la hostia”, señala con sinceridad Caballero, consciente del rechazo que produce el sello Moreno. “Pero mi tío sólo ha puesto los medios. Ésta es la única serie de España donde los guionistas hacemos lo que nos da la gana”.

Durante los años 90, España vivió el gran boom de la propiedad inmobiliaria. Fue en 1998 -había terminado Médico de familia y empezaba Periodistas- cuando Alberto Caballero e Iñaqui Ariztimuño, director y realizador, que se habían conocido en el programa de variedades Mira quien viene esta noche, tuvieron la idea de hacer una serie ambientada en un edificio: “Vimos que ofrecía una gran variedad de situaciones, y el posterior éxito de ‘La Comunidad’ nos confirmó que íbamos por buen camino”. En el fondo, reconocen, ésta es una serie de series: “La casera recuerda a Los Roper; el toque gamberro está inspirado en Matrimonio con hijos; las hermanas mayores tienen algo de Las chicas de oro; la estructura de los diálogos evoca a Frasier, aunque el humor sea español”.

La comedia dura 60 minutos, el doble que una sit-com americana. Cada secuencia ocupa una página (un minuto) y se engarza con la siguiente saltando de piso en piso. La escalera, el portal o el buzón sirven de transiciones. La cámara traspasa tabiques. “La gente dice que la serie se hace corta: es el mejor piropo que nos pueden echar”, dice el realizador Iñaqui Ariztimuño, de 37 años. Él se encargó del trabajo de campo: habló con administradores de fincas, visitó asesorías jurídicas, revisó los suplementos inmobiliarios de los periódicos, escuchó los problemas de convivencia de sus amigos… Y aportó su propia experiencia: “Llevo 14 viviendo en Madrid y he compartido 11 pisos. Las tramas son inagotables”.

Hace poco vio el siguiente anuncio de un periódico nacional: “Se compra edificio, con o sin vecinos”. Como dice Áurea de Felipe, coordinadora de Su Vivienda (suplemento inmobiliario de El Mundo), “la realidad siempre supera a la ficción: desde un portero que tiene la llave de tu casa y entra a arreglar un grifo cuando estás en la ducha, hasta el vecino que roba las sábanas cada vez que tiendes la ropa”. “Por desgracia”, añade esta redactora, “en ciudades como Madrid tendemos a vivir en el anonimato. Cada vez es menos frecuente pedirle sal al vecino. Es una pena, nos estamos perdiendo vivir nuestra propia serie”.

El administrador de fincas Marcial Tarín, vicepresidente del Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid, sigue Aquí no hay quien viva cada domingo. “Me cae muy simpática y se ajusta bastante a la realidad. Yo conozco a presidentes de comunidad que llegan a imprimir su cargo en su tarjeta de visita”. A lo largo de 37 años de experiencia ha comprobado que algunos vecinos acuden a las juntas predispuestos a pelearse. “Qué menos que haya una buena convivencia”. Convivencia que se ve alterada por diferentes motivos: actividades nocivas, molestas e insalubres (ruidos, malos olores, humos); alteración de elementos comunes (instalación de toldos, aparatos de aire acondicionado, apertura de boquetes, cerramiento de terrazas); paralización de obras por morosidad… Según Francisco Carballo, abogado de 82 años que asesora sobre estos temas a los lectores de Su Vivienda, “de un tiempo a esta parte hay más denuncias por ruidos. La gente se está judicializando”. El patio de vecinos es un reflejo de la sociedad.

En el rodaje. Son las 9 de la noche del 26 de noviembre. En el estudio de Noche de fiesta se graba el especial de Nochevieja. El público, mil personas vestidas de gala y armadas con confetis y matasuegras, aplaude la actuación de turno. Los voltios se cuelan en el estudio de enfrente, donde se graba el capítulo “Érase una avería”. “Por favor, decidles que bajen la música”, grita el responsable de sonido, interrumpiendo por enésima vez la secuencia. Resulta que no hay agua caliente en el piso de los Cuesta, y Paloma, en calidad de esposa y presidenta de la comunidad, le exhorta a su marido que tiene que arreglar la caldera. “Tú, ¿te has tomado las vitaminas? Y tú, ¿te has tomado la píldora?”, chilla a sus hijos de ficción. Entre las risas del equipo, a la novena toma la escena del desayuno se da por válida. En el plató hace un frío que pela. Loles León estornuda. “¡Dadle un pacharán!”, bromean. Pese a frenético ritmo de trabajo, el ambiente es distendido y familiar.

En su vida real, Loles, primeriza en teleseries, acaba de mudarse de domicilio. “A las 8.30 estaba convocada la junta de vecinos de mi comunidad, pero ya no llego. Quieren reformar los balcones… empezamos bien”, dice esta Hilary Clinton de escalera. La mayoría de los actores comparte edificio con sus vecinos y aporta anécdotas a la serie. Laura Pamplona (Alicia) vive en una comunidad parecida, en el tercer piso de una casa reformada del XIX ubicada en el madrileño barrio de Ópera: “Tuve una bronca con mis vecinos del cuarto por culpa del ruido. Los hijos mayores montaban fiestas y el pequeño jugaba al baloncesto, aunque ellos se quejaban porque mi marido tocaba la batería, aunque lo hacía en una habitación insonorizada. Ahora nos estamos tolerando”. En la serie, ella y su compañera Belén realquilan una habitación a una chica para pagar el alquiler a la casera. Una práctica que también conoce de cerca.

Por cierto, el alquiler en España se ha convertido en una fórmula de residencia carísima y casi marginal. El declive de este segmento inmobiliario ha supuesto que el casero –y por añadidura el arrendatario– sea una figura en peligro de extinción, debido a la arraigada mentalidad compradora del español que, cuando estudia, alquila, y cuando consigue trabajo estable, compra. Según un estudio comparativo de Su Vivienda, los recibos mensuales se han triplicado en estos últimos siete años.

Exterior. Portal. Noche. Emilio sacando uno de los cubos de basura. Los vecinos juegan a encestar las bolsas desde sus balcones –otra práctica sacada de la realidad, pero llevada al límite-, y a punto están de estamparse en su cabeza. Sólo en la Comunidad de Madrid hay 22.000 porteros, según el Sindicato de Empleados de Fincas Urbanas. Frente al portero automático, el Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid apoya el servicio de portería por dos razones: “Primero, por la seguridad que ofrece a la finca y el servicio que presta a los copropietarios; segundo, porque al vivir en el edificio (el conserje no vive bajo el mismo techo que los vecinos) se implica en la problemática de la comunidad”.

El personaje que interpreta Fernando Tejero -que se jacta de ser muy culto porque ve mucha televisión- es uno de los más carismáticos de la serie. “Para preparar mi papel me entrevisté con varios porteros y todos coincidieron en que su puesto va asociado a la discreción. Pero a Emilio su comunidad lo vuelve cotilla y chanchullero. Tiene que serlo para sobrevivir”, explica este actor cordobés de 34 años. Su carrera es imparable: debutó en el cine con ‘Los lunes al sol’, siguió con ‘Torremolinos 73’ y ‘Días de fútbol’ y está a punto de rodar ‘Crimen Perfecto’ con Álex de la Iglesia. Hace sólo cuatro años, mientras estudiaba Arte Dramático, trabajaba en la pescadería de su padre. Ahora es popular, y en el barrio cordobés de la Huerta de la Reina los vecinos de bloque le consideran un ídolo. En Madrid vive en un céntrico inmueble de la calle Huertas habitado por gente mayor. “Carmen, mi portera, me contó el caso de una anciana solitaria que ofreció pagarle un dinero por tomar un café con ella y hacerle compañía. Qué bonito…, y qué triste”. Según Comisiones Obreras, sólo en Madrid hay 130.000 mayores que viven solos –50.000 mayores de 80 años- y cada año, una media de 80 mueren en la soledad de sus casi siempre humildes domicilios, a pesar de los servicios de asistencia.

Las tramas, en efecto, son inagotables. Como dice Gemma Cuervo, que durante cinco años hizo de suegra de Emilio Aragón en Médico de Familia, esta serie podría llamarse Aquí no hay quien se aburra. Al menos su personaje, la solterona Vicenta, tiene diversión asegurada con Mauri y Fernando, la pareja de novios del 1º B:

MAURI: Si nosotros nos casásemos, ¿me harías firmar una separación de bienes?
FERNANDO: Nosotros no podemos casarnos.
MAURI: Ya lo sé, y mira que me jode, pero imagínatelo.

Desde el principio, los guionistas lo tuvieron claro: nada de locas. Luis Merlo besa a Adrià Collado en horario de prime time con toda naturalidad. “Tampoco nosotros estábamos en situación de hacer una burla de una condición sexual; nos parecería un insulto retratar a los homosexuales desde la caricatura”, explican los actores. Publicaciones gays como Shangay y Odisea han elogiado esta normalización. Mientras, ellos están cada vez más metidos en sus papeles y se permiten improvisar si la situación lo requiere: “Cuando Mauri sale del armario y los jefes aplauden su decisión, yo me levanto y empiezo a saludar a todos como si fuera la princesa de Gales, aunque mi reacción no estaba escrita en el guión”, dice Merlo, que como sus compañeros de reparto no deja de firmar autógrafos.

Desde Médico de familia hasta Ana y los 7, pasando por Periodistas, toda serie que se precie acaba en boda. En Aquí no hay quien viva, el portero está liado con Belén, la vecina del 3º B. Pero quién sabe. Quizá sea la pareja gay la que acabe en el altar. Y casándose con bienes gananciales…

“Psicoanálisis” de los vecinos

POR ALBERTO CABALLERO, DIRECTOR Y COORDINADOR DE GUIONISTAS DE “AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA”.

ROBERTO (Daniel Guzmán). Es un arquitecto que se gana la vida dibujando cómics. No tiene ninguna aspiración económica y es inmaduro y tendente a la angustia. Vivía muy bien con sus padres y sufre la clásica crisis de emancipación. No tiene nada claro eso del matrimonio.

LUCÍA (María Adánez). Es una chica “bien” que trabaja en la constructora de su padre. Es el prototipo de mujer moderna. Muy enamorada de su novio, le gustaría casarse con él cuanto antes. Tiene choques constantes con el presidente de la comunidad de vecinos y, sobre todo, con Paloma, que no la soporta dado que la apoda, cariñosamente, “la pija”.

ALICIA (Laura Pamplona). Es una chica cuya ilusión sería ganarse la vida como presentadora de televisión. Sin embargo, va de “casting” en “casting” y lo único que consigue, de vez en cuando, es hacer algún anuncio. Es egoísta, manipuladora y bastante desorganizada. Tiene constantes citas dado su éxito con los hombres, pero nunca son relaciones estables.

BELÉN (Malena Alterio). Negativa e insegura por naturaleza. No tiene ningún éxito con los hombres y lo reconoce con amargura, sobre todo teniendo que convivir con una amiga bastante más guapa. Mantiene una incomprensible relación sentimental con Emilio que, lejos de hacerla feliz, le complica más la existencia. Trabaja en un “burguer”.

PALOMA (Loles León). Es su mujer, una ama de casa obsesionada con el “status” y que sobrelleva, como puede, sus frustraciones. Ambos sufren constantes apreturas económicas porque se empeñan en vivir muy por encima de sus posibilidades.

JUAN (José Luis Gil). Es el presidente de la comunidad de vecinos. Casado y con dos hijos. Profesor. Se siente muy orgulloso de su cargo, que desempeña con tanta dedicación como incompetencia. Totalmente influenciado por su esposa.

NATALIA (Sofía Nieto). Es la hija mayor y atraviesa esa delicada etapa llamada adolescencia. Muy independiente y madura para su edad. Vacila constantemente a Roberto.

JOSÉ MIGUEL (Eduardo García Martínez). Es un niño “pasado de rosca”, fanático de los videojuegos y de no hacer caso a sus padres. La ausencia de otros niños le ha llevado a hacerse colega de Emilio (el portero), Paco (el dueño del videoclub) y Roberto (3ºA).

ARMANDO (Joseba Apaolaza). Separado, trabaja en un banco y trata de sobrevivir como puede a la crisis de los 40. En constante conflicto con su posesiva madre y con su hija. Padre nefasto y despreocupado, su máxima aspiración en la vida es ligar, cosa que consigue.

CONCHA (Emma Penella). Paranoica, muy posesiva, y aficionada a hacerse la víctima. Al separarse su hijo se trasladó con él, alquilando el piso de arriba. Tiene “fritas” a Alicia y Belén, sus inquilinas del 3ºB.

REBECA (Elisa Drabben). La hija pequeña de Armando. Tirando a repelente, con las cosas demasiado claras para tener siete años.

VICENTA (Gemma Cuervo). La hermana pequeña. Soltera. El piso es de su propiedad. Vive en su mundo, tiene don de gentes y, a pesar de su actitud positiva y optimista, siempre está en permanente conflicto con su hermana Marisa.

MARISA (Mariví Bilbao). La hermana mayor. Abandonada por su marido, no tuvo más remedio que refugiarse en casa de su hermana. Es una “pasota integral” de vuelta de todo. Fuma, bebe, se considera sexualmente activa y le encanta sacar de quicio a su hermana.

FERNANDO (Adriá Collado). Abogado, homosexual no del todo convencido, siempre en el límite de sentirse atraído por alguna mujer. En pareja, tiene buena parte de los defectos de un heterosexual, y eso le produce quebraderos de cabeza a Mauri. Aporta cierta coherencia y sentido común dentro del edificio.

MAURI (Luis Merlo). Homosexual convencido. Periodista. Inestable, obsesivo y muy enamorado de Fernando. Su conflicto es la desorientación sexual de su novio y las reticencias que éste tiene a “salir del armario”.

EMILIO (Fernando Tejero). Portero por accidente, pues fue el primer trabajo que encontró y ya lleva siete años. Vago, pelota y filósofo. Mantiene una relación sentimental tormentosa con Belén (3ºB).

PACO (Guillermo Ortega). Aunque trabaje en un videoclub, su verdadera aspiración es llegar a ser director de cine. Es un gran entendido en el séptimo arte y aborrece las películas comerciales, pero no le queda más remedio que alquilarlas. Su videoclub es centro de reunión del grupo de colegas formado por Emilio, Roberto y José Miguel.

Pisos de 40 millones

Según el Censo de Viviendas de 2001, un informe del Instituto Nacional de Estadística que abarca diez años de nuestra reciente historia de la vivienda, en España hay 14.270.656 hogares y 11.550.278 propietarios (82% del total). Las cifras reflejan el espectacular incremento en el número de casas; confirman el despegue de las segundas viviendas y constatan el viejo afán de propiedad de los españoles. Pero también retratan el otro lado de la balanza inmobiliaria: la preocupante escasez de viviendas en alquiler (11,5%); la incongruencia del alto índice de inmuebles desocupados (13,9%); la existencia de un buen número de hogares de reducidas dimensiones…

“Existen numerosos edificios que reúnen las mismas características que el inmueble de la serie”, explica una portavoz del Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid, que estima en 361.385 el número de comunidades de vecinos (unas 31.850 en Madrid capital). “La cifra se ha obtenido teniendo en cuenta que una comunidad media está compuesta por 30 propietarios que pagan una cuota mensual de unos 72 € por los siguientes servicios: ascensor, calefacción central, conserje, antena colectiva, portero automático y póliza de seguro multirriesgo. Cuota que se incrementaría hasta los 150 € si se incluyeran más servicios, como portería, vigilante de seguridad o mantenimiento de jardines y piscinas”.

El edificio de Aquí no hay quien viva, con 17 vecinos, no es lujoso, pero tiene las comodidades básicas. “Encajaría perfectamente en los barrios madrileños de Chueca o Lavapiés”, aventura Marcial Tarín Vela, vicepresidente del citado Colegio, 37 años trabajando como administrador de fincas. ¿Y cuánto costaría cada piso? “En un episodio, el de la pareja de homosexuales, de unos 85 metros, se valoró en 36 millones de las antiguas pesetas. De estar ubicado en esos barrios estaría tasado muy por lo bajo: hoy costaría unos 41 millones”.